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CORREA, SU VERDADERA FAZ

octubre 1, 2012

Por: Ricardo Suárez

En épocas preelectorales, la confusión deliberada o por razones de ignorancia acerca de lo que es la izquierda política, ha hecho que a muchos actores se les coloque esta etiqueta, o que muchos se la apliquen a sí mismos.

Basta un ejemplo risible: Álvaro Noboa, en sus clásicas payasadas populistas, ha llegado a calificarse como un hombre de izquierda. Pero, ¿qué mismo es la izquierda?

El origen de la categoría “izquierda” se remonta a la revolución francesa, en la que dos partidos se disputaron el poder en la Asamblea. Por un lado los girondinos, un partido moderado que propugnaba un derecho al sufragio no universal, del que excluía a las clases no propietarias y que defendía la alianza con la nobleza para establecer en Francia una monarquía parlamentaria.
Por contra, los jacobinos defendían un sufragio universal que extendían a todos los miembros de la población y la instauración de una república. Estos últimos tenían el apoyo de las clases más populares, mientras que los girondinos eran apoyados por los propietarios y algunas capas de la nobleza.

En las deliberaciones de la asamblea los girondinos se sentaban a la derecha y los jacobinos a la izquierda, de aquí la división, que aún hoy perdura, de ideologías de izquierda y de derecha. Como izquierda, entonces, siempre se ha entendido a lo más avanzado. Oswaldo Palacios, vocero nacional del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador, (PCMLE), dice: “Históricamente la izquierda ha estado ubicada como aquel sector partidario de la justicia social, de la defensa de los derechos humanos, opuesto a las políticas
tradicionales, conservadoras. Siempre la izquierda ha reivindicado el cambio revolucionario en beneficio de los menos favorecidos, explotados y oprimidos”.
Y si esto es así, la pregunta entonces es: ¿podría entenderse al gobierno de Rafael Correa como de izquierda? Palacios nos ayuda a entenderlo, de este modo: “El gobierno de Correa no ha sido nunca de izquierda. El PCMLE expresó su apoyo y llamó a los militantes a votar a favor de su candidatura en la segunda vuelta porque él enarbolaba un programa de transformaciones
democráticas para el Ecuador, y era correcto apoyarlo en ese momento.

Nosotros no nos arrepentimos, ni proclamamos como un pecado el haberlo apoyado, era en esas condiciones históricas concretas una medida correcta de la izquierda, porque había que mirar que Correa estaba contendiendo en ese momento con un ultraderechista como Álvaro Noboa, apoyado por todos los bancos, los sectores oligárquicos.

Anular el voto en esas condiciones, o apoyar a Noboa resultaba una traición, entonces el PCMLE dio su apoyo, como lo hicieron otras organizaciones de izquierda como Pachakutik y el MPD. Correa abandonó ese programa democrático, para ponerse al servicio de los sectores monopólicos internacionales, de algún sector de la banca ecuatoriana, de la burguesía. Esto ha ido en un proceso, nunca hablamos de él como un gobierno de izquierda, dijimos que era un gobierno patriótico, democrático, que tenía un programa de esas características. Luego inició un viraje a la derecha, que lo denunciamos al país, hasta que, según la opinión del PCMLE, ese viraje se cumplió totalmente y llegó hasta su máximo punto coincidiendo con la llegada de Hillary Clinton al Ecuador, que según nuestra opinión vino a darle a Correa la bienvenida al círculo proimperialista.
A raíz de esa visita Correa se declaró como que no es antiimperialista ni anticapitalista, ni anti nada, que no es de izquierda ni de derecha. Como si esa connotación pudiera darse en política. Muchos que dicen que no son ni de izquierda ni de derecha solo pretenden tapar con una fachada su condición ecléctica a la reacción o a la derecha. O se está con la burguesía o se está
con los trabajadores, no hay término medio. Vivimos un caudillismo populista que sirve a los monopolios internacionales y a la burguesía, a la derecha, y que trata de presentarse ante la gente a nombre del socialismo del siglo XXI (ahora ya se habla menos de este modo) o de la revolución ciudadana.
Utilizando el prestigio que tiene el socialismo en el imaginario de los pueblos, el prestigio que tiene un proceso revolucionario, Correa quiere ser aceptado por los sectores populares, pero por dentro de esa fachada está un gobierno represivo, que criminaliza la lucha social, un gobierno que persigue a los opositores; autoritario, que ha sido ubicado, no solo por la izquierda,
como un aprendiz de dictador. Por eso no puede pasar de ninguna manera como izquierdista.

¿Cómo se podría demostrar que Rafael Correa no es un revolucionario?
El revolucionario se identifica claramente al servicio -y en algunos casos hasta con las armas en la mano- de los sectores populares, explotados. El revolucionario es aquel que cambia las cosas a favor de estos sectores. Una revolución no es un hecho fortuito, o una declaración, es un proceso que pone las cosas al revés, es decir, hace que los que están abajo asciendan a la condición de una fuerza determinante; una revolución social es la que ubica a una clase social explotada en la condición de una clase con poder político, y
nada de esto ha ocurrido en el Ecuador. Una revolución es una transformación radical y profunda de las estructuras económicas, sociales y políticas en un país. Una revolución no es entregar los recursos del país a un monopolio diferente al que tradicionalmente se ha entregado. Porque sigue la entrega.

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