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¡En esta esquina…!

febrero 28, 2015

El desafío de lo alternativo: temas para una transición (2)

Manuel Salazar

Cuál desarrollo. Desarrollo, más que crecimiento. En medios políticos y académicos se habla a veces como si los conceptos desarrollo y crecimiento fueran similares. Por intención, en el caso de los gobiernos. De hecho por estos días pasados escuchamos otra vez a las autoridades del Banco Central hacer privanzas del crecimiento de la economía y muchos lo exaltaron como desarrollo; cuando es claro que ese crecimiento ha venido aparejado con la pobreza. Porque crecimiento y desarrollo son conceptos diferentes, aunque relacionados.

El crecimiento expresa un aumento en el Producto Interno Bruto, PIB. En los años entre 1966 y 1978, en la República Dominicana se alcanzaron tasas de hasta 12%. En el período 1996-2000, la economía dominicana tuvo un crecimiento promedio de 8.5%.

Pero en ninguno de los dos casos hubo desarrollo. Porque el desarrollo

viene siendo una ecuación que relaciona de manera directa variables como, el crecimiento económico; la transformación progresiva de las bases materiales y fuerzas productivas del país; la mejoría social del pueblo incluyendo la recreación y el disfrute de los bienes culturales; y un régimen político y social que le garantice seguridad y participación democrática en las decisiones públicas relevantes.

La República Dominicana vio agotarse el modelo de “sustitución de importaciones”, que la mantuvo en la dependencia del extranjero; este fue sustituido por otro, basado en el turismo y las zonas francas, que por igual la mantiene dependiente y en el círculo dantesco del crecimiento económico con altos niveles de pobreza. Antes, se había sembrado el país de caña de azúcar y de esta se produjo uno que otro producto, cuando pudo avanzarse a producir decenas. Aquí se produce y exporta cacao; pero las divisas que a lo mejor genera esa exportación se consumen importando los chocolates que podrían producirse en el país con nuestro propio cacao. En este y el caso anterior, la agroindustria y con esta de toda la investigación, empleo y calificación técnica y profesional de mano de obra que implica, habría sido una manifestación de desarrollo.

Un ejemplo de castración a las posibilidades de desarrollo de un país lo constituye la Venezuela de los tiempos del dictador Juan Vicente Gómez (1908- 1935) que disponía de reservas de petróleo y de un importante componente de producción agropecuaria. Pero a ese señor lo pusieron en la jefatura del Estado, entre otras cosas, para que convirtiera ese país en mono-exportador de petróleo e importador de alimentos, para lo que destruyó la plataforma agropecuaria existente, consecuencias que todavía se sienten.

En nuestro país, han cambiado los modelos de crecimiento económico y han generado riqueza durante más de 50 años consecutivos; pero, al mismo tiempo, ha crecido la pobreza hasta el 60% de la población en algunas provincias y barrios populares; se deterioran los recursos naturales; la inseguridad es alarmante, casi 69% de la población percibe que la misma crece en el país, tal como indica el informe del PNUD 2013-14 sobre “Seguridad con Rostro Humano”.

Ya lo he dicho aquí mismo en Acento, los modelos de crecimiento, esencialmente el vigente, han sido de “dumping” social y ecológico, porque logran crecer la economía sobre la base de mantener una política salarial restrictiva, un peso devaluado y altas tasas de desempleo. Y además, permite que los inversionistas en minería y proyectos turísticos destruyan bosques, manglares y cuencas acuíferas.

La nación, país y pueblo dominicanos debemos salir de esa trampa económica y del cepo político e institucional que la garantiza. En su lugar, poner uno que tenga como esencia el desarrollo y diversificación de la producción, recursos y fuerzas productivas nacionales, con tecnología, educación e investigación apropiadas; el trabajo bien remunerado; el desarrollo del mercado interno; el uso, preservación y desarrollo de los recursos naturales; en el marco de un régimen e instituciones democráticos, que exprese la nueva realidad social, económica, política y cultural que constituye la superación de aquel modelo.

En esta visión del desarrollo han de armonizar todas las formas de propiedad posibles, la privada por supuesto; y destaco entre todas la pública y la solidaria- cooperativa. E igual han de encontrar un lugar el desarrollo y gobiernos locales. Continuaremos con este tema.

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